Deseo la capacidad de entrar en ti. Hallar qué maldiciones y tempestades pasan por tus días, qué construcciones mentales haces cuando ves los colores, qué palabras del abanico diario utilizas para expresarte con tus amigos luego de unos cuantos vasos. Y es que cuando me miras, bajo esa luz que entra por la ventana cerrada, no sé lo que piensas. Me atemorizas.
Es difícil interpretar a los otros.
Tirado al aire tu habla es tan solamente una porción de pasillos largos, veredas con muchas puertas. Cada puerta un salón: inmenso, vacío, sin sentido. No hay ventanas por donde huir.
Y es que por anhelar aquello que es imposible, uno acaba por perder las cosas bonitas, inesperadas y alegres. Las cosas que, al final, terminamos llamándolas reales. Las cosas que de verdad importan.
Deseo la capacidad de salir de ti. Como quien sale del mar en una tarde de verano y quiere acostarse a dormir un rato.
Tranquila.
04/09/2015
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